La guerra de Paco “el matrículas”

Por Luis Motes, CEO en Doyou Media

El Covid-19 ha conmocionado el ámbito económico. La agroalimentación, la actividad bancaria, los sectores sanitarios o de atención social, la nueva economía colaborativa o las áreas de industria o construcción se adaptan al escenario de conflicto y se preparan para el día después. También la comunicación, tanto en su faceta periodística como la corporativa o reputacional. En ese sentido, déjenme que les hable de Macisvenda y de Paco “el matrículas”. 

Macisvenda es una pequeña localidad murciana cuyo nombre bien podría evocar cualquier argumento de Tolkien, pero no. Es real. La encontramos al sur de la Sierra de Barinas, un suave accidente montañoso entre la Vega Baja alicantina y el nordeste murciano. Sobre la naturaleza de esta pedanía de Abanilla, podemos aportar que el paisaje recuerda a Palestina, que el secano dobla los olivos y que las huertas de tomateras, habas y alcachofas que completan la zona son regados por el Chícamo, un discreto río alimentado por las ramblas de uvas a peras. En su momento la comarca encantó a algún inglés aventurado y por contagio se produjo cierto aluvión de británicos. También es un lugar de segunda residencia, principalmente para los naturales de los pueblos más grandes del entorno, sur de Alicante y de la misma Murcia capital. Hasta aquí el marco.

En Macisvenda vive un “fenómeno” antropológico. Se trata de Paco “el matrículas”. Superada la cincuentena -rozando los 60 quizás- , Paco es un “it” de la zona por una habilidad congénita -cultivada también durante toda su vida- por la que se ha hecho popular. Gracias a ella y a que sus aptitudes han sido difundidas por los medios, dicen los más viejos del lugar que incluso asesora a la Guardia Civil cuando se precisa. El secreto está en su memoria fotográfica. Es proverbial. La virtud de Paco radica en que se sabe miles de matrículas, desde luego todas las de sus vecinos. Le dices una numeración con sus letras y, sin dudar, te da el nombre y apellidos del titular del vehículo. Ve pasar un coche, le mira los bajos y sabe quien va al volante. Paco es la versión humana del Big Data, es la materialización en carne mortal de la robótica al servicio de la monitorización, en su caso, de datos. 

Creo que la crisis del Covid-19 es un acontecimiento histórico y excepcional y aunque hay quien no lo comparte, se parece a una guerra. La metáfora bélica tiene una validez parcial. Efectivamente, en sentido metafórico, hay un enemigo, hay campo de batalla, ejército y víctimas. La única excepción es que, a diferencia de los conflictos bélicos en los que se carece de bienes de primera necesidad, en este caso podemos alimentarnos y el orden público está garantizado. No obstante, las similitudes con un ciclo armado clásico -salvando los saltos tecnológicos- son evidentes. Por ejemplo, en esta crisis la verdad también es la primera víctima, también hay propaganda, desinformación y la comunicación se usa para obtener ventaja en el ámbito, principalmente, político. 

De no ser un observador avezado, como Paco “el matrículas”, la mayoría de los espectadores-sufridores que pueblan este complejo escenario, los ciudadanos, podemos ser víctimas del fuego cruzado. Porque no tenemos todos los datos, no podemos acudir a todas las fuentes y es inviable contrastar los hechos hasta ad infinitum. El enorme caudal de elementos narrados -en ocasiones rigurosos y en otras directamente falsos- ha generado un paisaje tan repleto de basura espacial que hace casi imposible configurar espacios de verosimilitud. Es de tal calibre el flujo de medias verdades, noticias falsas, bulos y rumores, fabricados o descontextualizados, que los medios de comunicación típicos y profesionales sufren para que su voz sea reconocible. Los deshechos se multiplican exponencialmente viajando por las redes sociales constatando la premisa Ogilvy en su primera parte -“las redes suben, los medios mandan”-pero negando la segunda. Y los millones de chats convertidos en ecualizadores de la mentira sustituyen a la verdad publicada que, con el sesgo natural de cada editor, debería constituir la única brújula en el vigente escenario. 

Miren, yo quiero a Paco “el matrículas” en mi vida. Quiero background, histórico, perspectiva y contexto. Quiero materia gris y equilibrio, datos irrefutables y opiniones contrapuestas. Quiero saber qué, quien y por qué. Donde, cuando y como. Necesito monitorización, orden en la relevancia, relativización de los hechos y marco, criterio. No quiero a la vecina del quinto, al padre del grupo de baloncesto, al amigo listo de turno, al primo malasombra. Sálvenos nuestro señor de salva patrias, savonarolas y ángeles justicieros. Sálvenos de quienes trucan el BOE, sí, pero también de quienes se rasgaban las vestiduras en pasadas crisis de reputación en determinados hechos-ruptura que hoy andan mudos o vendidos a sus ideas -convenientemente subvencionadas- por un desastre que deja en pañales pasadas tragedias.  Necesitamos verdad, porque eso también cura. No pido mucho, ¿no?

Posted on 14 abril, 2020 in Blog

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